jueves, 13 de agosto de 2020

Autogestionándome


Se me ha ocurrido decirle que todo es mentira; que solo echaba de menos que se me acelerase el pulso de vez en cuando, que solo echaba de menos que la mirada de alguien me necesitase como yo necesito respirar. 

He cogido el coche después de un mes encerrado y todas las canciones fueron tristes. Y se ha sentido como que seguía entre cuatro paredes tan oscuras que absorbían cualquier rastro de luz. El trayecto de hora y media, en mi mente, podría resumirse en los 3 minutos y 50 segundos que dura Where is my mind de Pixies. Lloraría, pero no soy así. El tiempo pasa muy lento para mí desde hace años, y desde hace años los sentimientos muy intensos no tienen efecto en mí a pesar de no saber controlarlos. Solo le duele al resto. Por eso llevo mucho tiempo preguntándome a mí mismo cómo es que me han permitido gestionarme solo.

Mentiría si digo que no me he planteado tirarme desde algún sitio muy alto. Mentiría también si dijese que no he pensado en tirarla a ella. La he recogido a la misma hora... De siempre. La hora a la que solíamos vernos. Podría sonar a algo habitual: pero no. Ocurría como un año bisiesto. Dejé de quererla hacía ya dos de esos, pero que estuviese era una costumbre. Éramos una costumbre. A menudo tengo la sensación de ser un sociópata cuando pienso que la tengo cerca únicamente para enfadarla y que los gritos me sienten como una descarga en el cuerpo cuando siento que me estoy dejando morir. Quiero que me mantenga despierto, lo suficientemente vivo para seguir. Pero me aburre.

Se me ha ocurrido decirle toda la verdad: que la quise lo mismo que duró un solsticio y luego nunca más, pero que me la quedo porque a mi autoestima le sienta bien cuando me ve y se emociona. Se me ha ocurrido. Camino adonde íbamos le he dicho que tenía una sorpresa para ella. "Te gustaban las luces ¿no, cariño?" y me ha asentido muy emocionada.

Quizá estéis pensando que quería suavizar la situación. La verdad es que, sí, os juro que se me había ocurrido contarle todo lo que había estado pasando en realidad. Sin embargo, me he parado en un lado de un mirador que daba a una zona muy bien iluminada, preciosa de noche, y le he dicho que mi sorpresa estaba unos metros delante: que tendríamos que ir caminando. "¡Qué bonito!" Sí. Te encantan las luces, hija de puta.

He arrancado en cuando ha avanzado unos metros y la he dejado allí. Y es cierto que se me había ocurrido confesarle que todo era mentira: pero pensándolo mejor, creo que me estoy muriendo. Creo que necesito el chute. Ojalá encuentre cómo regresar pronto y le vea saltar las chispas para que me llegue la descarga. Esperaré un año bisiesto más.

viernes, 21 de junio de 2019

ABSOLUTAMENTE TODO

Absoluta y completamente todo lo que tú jamás dirías en alto
pero también absolutamente todo lo que no querías pensar de más
↔♥↔


Se me pasan infinitas cosas por la cabeza y yo no soy capaz de retener ninguna, como que van a más velocidad de la que nunca he visto antes delante de mí.

 Creo que huele a incienso, pero no del todo. Más bien huele como una mezcla de incienso y el clásico olor que tienen los hospitales a... Esterilidad. A desinfección, a limpieza. A nada concreto. Me dice que pase y me siente, así que lo hago, pero es incómodo. Tengo frío. Delante de mí, un señor que me conoce de hace muy poco tiempo me sonríe y yo también a él, pero por dentro no quiero hacerlo. Por dentro quiero darle las gracias por haberme dicho que viniese, decirle que no me hace falta, levantarme y cerrar la puerta tras de mí. No va a pasar, no soy así.

 Me ha hecho preguntas sobre anoche. No sé. Ni me acuerdo mucho, ni quiero hablarlo, ni quiero pensar. Que qué siento. Pues verá, siento estar aquí. Aquí... aquí. Me refiero aquí. Es interpretable. Ahora mismo siento estar aquí, en consulta, pero es provisional. Aquí, en vida, es algo más atemporal. Seguramente no lo entiende. Y me ha dicho que sí, claro, como siempre, pero no. No lo entiende. Y sé que no lo hace porque me pregunta por qué todo para mí es así, y si lo entendiese sabría que no puedo explicarlo. Que se me pasan un millón de cosas por la cabeza en el minuto que me paso callado con los ojos muy abiertos y que tampoco sé ir nombrando todo eso. Es prácticamente inexplicable, difícil de definir. Sucede como en un flashback rápido de las películas en el que solo hay un fondo blanco y pasan un montón de imágenes, las percibes y tu cerebro se queda con ellas, pero ves demasiadas y cada una te llama más la atención que la anterior, así que las vas olvidando. Y cuando llegas al final, quieres hacer una reconstrucción de todo lo que acabas de pensar pero solo se te queda un borrón gris. Como si hubieses escrito a lápiz y borrado lo mismo ciento veinte veces. Sabes que has pensado en muchas cosas, pero en qué. Creo que acabo de definirlo, aunque no del todo. A veces así se siente pensar. La mayoría del tiempo que estoy solo. 

 "¿Qué ha pasado con ella?". Yo qué sé. Ni quiero hablarlo, ni quiero pensar, ni sé si lo recuerdo, ni creo que le importe, ni creo que me ayude. Ni siquiera creo que ella sea algo, o que esté siquiera. Creo que sería lo mismo, eso es lo que creo. Creo que se piensa que puede ayudarme, cuando realmente no puede. No pienso en ello. "¿Por qué?". Pues porque cuando lo hago llego a la conclusión de que coexisto con ella pero a la vez existo al margen. Soy una cosa y soy real y soy tangible y parece que existo cuando me mira. Pero cuando llega la hora del día en el que no puedo verle los ojos, también soy, pero diferente. Y a la vez igual que siempre. 

 De verdad, tengo mucho frío aquí dentro. No me parece que esté atendiendo a lo que digo, más bien me parece que está tan centrado en buscar una explicación que ni siquiera escucha lo poco que estoy dispuesto a contarle. Constantemente me pregunta por qué he hecho las cosas que he hecho, pero es ilógico. Porque no quiero estar aquí. El 'aquí' atemporal. Pierde el tiempo, lo pierde. No quiero ver manchas de tinta, no quiero hacer tests de inteligencia. No quiero hablar sobre mi infancia, ni sobre mis amigos. Ni sobre no saber mantener a ninguno. No quiero hablar sobre mi constante rechazo a hablar sobre mí, ni sobre mi dificultad para intimar con otra persona. No quiero hablar sobre ella. Ni sobre lo que pasó anoche. 

 Solo hay silencio ahora. Debo aparentar como un fantasma ahí sentado, quieto, blanquísimo, callado y manteniendo la mirada. Mantener la mirada es la única cosa que se me da bien de manera innata. Sonríe y es más bien una mueca, dice que hemos acabado, que ya me puedo ir. Yo sé sonreír enteramente, también con los ojos y que quede natural. Son años de experiencia. Me ha dicho que ha sido enriquecedor, que hasta la próxima vez que nos citemos. Lo que él diga, no sé. Yo no pienso volver.

domingo, 16 de junio de 2019

20''


►↕◄
Le he llamado y he colgado justo después de que cogiese el teléfono, como que para mí es suficiente con saber que sigue vivo. Y he seguido a mis asuntos.

Es cada veinte segundos
que encuentro nuevas formas
de echarme la culpa, la carga
o la bronca.
Es cada veinte segundos
que suena una nota.

Es cada veinte segundos
que me sorprendo.
Que me extraño,
que me compadezco:
porque dentro de veinte segundos
no estaré esperándolo
de nuevo.

Es cada veinte segundos
que pienso que no habrán otros veinte.
Que serán los últimos que escuche,
o que no me sorprenderán
si sí que vienen.

Es cada veinte segundos
que me acongoja una y otra nota,
que me hace querer estar sorda.
Cada veinte segundos pido al mundo
ser cualquier otra cosa.

Es curioso: no cualquiera
entiende el miedo de los veinte segundos.
El miedo de lo que es por sí solo,
aparentemente inofensivo.
No todo el mundo escucha
la terrorífica melodía que suena
como de fin, como de pena:
si agrupas seguidas las notas que truenan
cada veinte segundos.

He tirado el teléfono. Nadie lo entiende, pero no te volveré a escuchar jamás. 

viernes, 31 de mayo de 2019

IDWBM


↔♥↔
No sé de mitología
ni de poetas de libro
y recital.
Sé de historias que no
se cuentan. De palabras
que no se pronuncian.

Sé de mí y de las rosas
que se marchitan
sin haberse abierto antes.
Sé de notas de suicidio
sin suicidio.
Sé de matarse y no irse
o volver.

Sé de mí, de ti,
de cosas sin importancia.
Sé de suplicar un golpe más
por seguir recibiendo algo
de alguien.

Soy quien escribe bazofia.
A quien lees creyendo
que te salvará la vida
o de la muerte.
Que qué más da,
si son lo mismo.

Soy quien sabe de tonterías
y no sabe lo que es,
pero desde luego que no soy
quien podría salvarte la vida.

Downstairs


Que suene tu nombre en una iglesia
y que, de cualquier manera
ya no sea tu nombre.
Porque, al fin y al cabo,
tú ya no eres tú.
Y vivir ya no es vivir.

Que griten un nombre
frente a una lápida,
que no te pertenezca
y no signifique nada.
Quizá ni lo reconozcas. 

Que oigas cómo te llaman
desde lejos, donde solo hay un eco
y no mires atrás
porque ese sonido ya no tiene sentido,
ya no es nada de ti.

Porque no estás.

Que entre oscuridades
y neones vaya gente,
grupos, amigos,
conocidos, quizá
hablando sobre alguien
que crees recordar quién es
pero no enteramente:
porque no existe ya.

Que no vuelvan a sonar
las consonantes y las vocales
de nuevo juntas, en el mismo
orden, de la misma manera.
Que si, quizá lo hicieran
ya no fuese nada.

Que en las fotos les suene tu cara
pero nunca nada más,
y nunca nada más,
nunca nada más
porque no estás.

Ahora tu nombre
suena como un cántico,
un mantra; algo a lo que aferrarse
mientras lo gritan frente a tu lápida.
O lo lloran. O lo lamentan.
Todo cuando ya no estás. 

viernes, 12 de abril de 2019

X


"¡Primero la revolución,
y luego, la poesía!",
solía gritar.
Y para mí estuvo muy claro:
revolución y poesía son lo mismo
cuando se trata de hablar sobre ella.

Aún estoy aprendiendo,
pero vengo a solucionaros la vida:
Amor es pedir perdón por pecados
que aún no has cometido.
Amor es pedir perdón
por pecados que no son siquiera tuyos.

Querido quienquiera que seas:
no estoy tan vacío como parece,
simplemente he entendido que, al final,
quien se queda...
Somos solo nosotros
con ganas de más.

Solía decirme:
"Esperar es llevar rosas
donde aún no ha muerto nadie".
Pues espérame,
espérame.
Espérame fuerte,
sencillo,
bonito.

Puedes esperarme siempre:
no has de comprar flores,
la rosa eres tú.
(Y, por suerte,
no sabes que estoy muerto por dentro.
No aún.) 

01:49


Eh, escucha.

El reloj marca las 23:52. Tal como ves, no hay nada exacto. Estoy detrás de una ventana intentando encontrarte, pero la lluvia apenas me permite distinguir de dónde vienen las luces que veo esta noche. He parado el coche. Tengo un mensaje tuyo, pero no uno cualquiera: el último que me has mandado, aún sin leer. Y casi que temo hacerlo, porque puedo imaginar lo que me dices.

Marca las 23:56. Llevo ropa oscura. Estoy parado en un lado de la carretera, aunque justo dentro de la autopista. Los coches pasan muy rápido y muy cerca de mí, pero no tanto como lo hace el tiempo. Parece que te escribo a ti, pero en realidad no sé para quién lo hago... ¿Para ti? ¿Para el resto? ¿Para mí mismo? Esto acabará en manos de quien no sabe tu nombre, inevitablemente. Qué desgracia para ellos, porque vamos a llevarnos con nosotros un nombre que jamás sonará tan potente en el recuerdo de otros.

Marca las 00:18. Y llegado este punto te preguntarás qué importancia tiene la hora. Mucha, en realidad. Porque refleja el tiempo que me toma escribir cada parte. Es cada vez más difícil abrirme a... La situación, imagino. Parece que avanzo muy lento, pero para mí todo ha ocurrido tan rápido desde que diste aquel portazo en mi piso anoche. A estas alturas no sé qué hacer, no sé qué preguntas hacerme. La lluvia sigue sin dejarme ver más que las luces, pero me estoy planteando si realmente necesito algo más que eso. Y supongo que no. De luces ha ido este último día, así que les habré cogido cariño, con ese led del móvil parpadeando por tu mensaje cada segundo...

Reloj digital, y 00:41. Vestido de oscuro, autopista, no estás. Parecen haber pasado mil años desde que no estás. Te echo de menos, quizá debí decirlo antes. Y tras todo esto te preguntarás por qué estoy escribiendo, si no he dicho nada. Tienes razón. Pero me da la sensación de que he dicho más de lo que realmente queda reflejado con palabras, ¿o no es así? Si estuvieras aquí no habría preguntas. Solo respuestas. Quizá a susurros, quizá a gritos. Pero conmigo, respuestas. Te echo de menos, ¿no es esa la clave de todo? Te echo de menos, te echo de menos, te echo de menos.

01:21. Coche parado, vestido oscuro, autopista, no estás, he leído tu mensaje. No estás. No estás. No estás. Y estoy abriendo la puerta. Sí, en medio de la autopista. He tirado mi móvil lejos, y no he querido ver hacia dónde. Me tumbo en la carretera, estoy acostado. No estás. No sé, no estás. A quién le importa esto ahora. Te echo de menos.

01:49. Autopista. Asfalto. Lluvia torrencial. Nada.
¿Lo escuchas?
Adiós.

jueves, 11 de abril de 2019

No pienses en mí.


Hace ya cinco años que no escribo poemas de amor.

No quiero morir por dentro esta noche pensando en cómo escribirte que te quiero, porque no sé si te quiero. No quiero inventarme caballeros que escriben, echan de menos y aparecen cabalgando caballos en la puesta de sol. No quiero contarte mi vida, ni ninguna de mis vidas imaginarias. Quiero irme. Cerrar la puerta silenciosamente y, quizá, fingir que nada está ocurriendo. Que yo no he dejado de ser yo, que eventualmente volveré, que con dudoso pulso meteré la llave en la cerradura y estarás detrás con un café diciéndome que siempre llego tarde. Nunca llego tarde, pero entendería lo que quieres decir. No quiero escribir sobre hadas, quiero escribir sobre ti; que espero que no mueras si algún día dejo de creer.

Quiero que te olvides de que actualmente existo, de que alguna vez existí. Que te despiertes y te asomes al balcón sin tener ni la menor idea de mí y esté bien. Quiero no tener que dar explicaciones, poder salir corriendo sin encontrarme con más calles sin salida donde a un lado tengo un muro que chilla "quizá" y al otro, tú. Quiero dejar de tener dudas, tener derecho a despejarlas. Quiero dejar de sentir cómo algo me observa desde la nada, como si la culpa tuviese ojos y me estuviese juzgando cada noche. Quiero poder dormir antes de las cinco de la mañana, dejar de maquillarme las ojeras. Quiero que deje de costarme respirar cuando intento que no se me escuche cuando lloro. 

A veces pienso qué en haré cuando en mi vida se haga domingo. Cuando no quede nada que hacer, solo esperar a que todo vuelva a su forma. A veces pienso que me estoy autoculpando, que está bien querer que alguien te siga mirando cuando tú tienes los ojos cerrados, aunque ese alguien no seas tú. Ni siquiera sé por qué te escribo, pero sé que voy a pasarme la vida queriendo decirte... Que te voy a echar de menos. 

Mi peor naufragio, ahora lo entiendo:
fue siempre el no partir.

Vuelve a Barcelona

                               ♥ı                   
                             ♥ı
                           ♥ı
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         ♥ı
       ♥ı
     ♥ı
  ♥ı

Barcelona está toda mojada
y es culpa, probablemente, de tus caderas.
De tu forma de negarte
a hacerme el boca a boca
incluso cuando me encuentras
casi ahogado en este mar de idas,
de cierres de bares, de abandono,
de ocasiones perdidas, neones
y más neones aún, pero rotos.

Barcelona está toda mojada

y es culpa de tu rapidez al quitarte la ropa.
Culpa de tu manía de quitarla
toda a la vez.
Culpa de mi manía de querer perseguirte, incluso,
cuando no te distingo entre la gente.
Culpa, quizá, del Mediterraneo
que se ha mudado buscando tu casa,
queriendo oler tu pelo en lugar de los árboles
cuando llueve.

Barcelona está toda mojada

y casi seguro que es culpa de tu risa,
de todo aquello que eclipsa a las musas silbando,
de tu forma de entender los cuadros.
Será que guiñas el ojo demasiadas veces,
que sonríes a demasiadas ciudades.
Será que a Barcelona no la abrazas como antes.

Barcelona está toda mojada,

y será que contigo se acaba el verano
y se apagan antes las luces.
Será que las sábanas frías se abrazan
a las mantas, y yo me cuelgo
de algún lugar que queda aún sin inundar,
a estas horas, por la soledad
en las calles de Barcelona.

Barcelona está toda mojada

y será tu culpa que provocas con cada paso.
Que paseas por ahí con falda,
ignorando que nos llega el viento,
plagado de humo de los coches.
Será culpa tuya, por tanto pedir tiritas
para el mundo,
tanto pedir lluvia para las flores
o, para ti misma, enamorarte un poco.
Y escaparte así de la rutina
de este insomnio de por las noches.

Barcelona está toda mojada

y será, será, será, será.
Será tu prisa por irte,
por tu bufanda sin ser invierno.
Será por tu manía de esconderte en el baño.
Será por mi manía de buscarte en las cumbres.
Será porque te vi en la Rambla de madrugada
y se me vino el mundo encima.

En cualquier caso...


Barcelona está toda mojada.

Y quién no, ante tanta poesía.
Barcelona está toda mojada.
Te dije que no te escribiría.
Que no intercambiaba sexo
por apariciones en mi obra.

Ahora entiendo lo que me dijeron:

no busques putas en estas calles,
mucho menos a estas horas.

Ahora lo entiendo.
Pero por favor,
vuelve a Barcelona.

Hoy me ha dado por acordarme de ti porque ya no me siento enfermo. 
Emocionalmente hablando, me he curado de ti.

Ilegible

Saltó.
(Yo nunca lo haría)


Me dejó una nota
siete veces reescrita:
"Hay quien a veces te abraza
y te convierte en un puerto.
Y hay quien es como tú:
quien atraca,
pero no necesariamente
en barco."

Y me encontré una carta
hecha una bola
tras el sillón.
Justo como estoy yo,
pero encima de la cama
y sin ningún borrón.

La poesía no me parece tan bonita
desde que no leo un poema suyo
lleno de marcas de lápiz
detrás de cada letra.

Y la vida no me parece tan bonita
desde que saltar conlleva algo más
que jugar en una cama elástica
y al terminar volver a tener
los pies en la tierra.

Aunque ella nunca las tuviera.

Le dejé una estúpida nota
que, seguramente, jamás leería:
"Estoy al lado del radiador
esperando a que vuelvas,
y por muy cerca que me quede
no noto calor que me envuelva.

Y sé, amor mío,
que es de las estupideces
por las que te fuiste.
Pero me resultó una metáfora
de nuestro amor
incomprensible, 
casi admirable:

Está roto, ¿lo recuerdas?
Yo me sigo acordando.
Y aunque sé que no me dará calor
sigo esperando.
Porque sé que algún día estará dispuesto
a hacerme compañía".

(Hay veces que releo y ni yo entiendo
lo que te escribo.
Pero eso siempre me da igual
porque está como yo quería:
lleno de marcas de lápiz
justo detrás de cada letra,
justo como tú me escribirías.)

jueves, 24 de septiembre de 2015

Cómo una flor se hizo ángel.



Recuerdo ver cómo crecían las flores en el campo alrededor de ti, y recuerdo haber pensado que tú eras la flor más bonita que había visto allí hasta ahora. Recuerdo haberte visto sonreír, aunque no del todo si sonreí yo. Quizá no exteriormente. 

Volví a aquel lugar anoche, después de pasar horas intentando dormir con tus recuerdos como si fueran el eco de estos últimos años en mi cabeza, y te sorprenderá (o no) una cosa: ya no habían flores allí. Tú dirás que porque es invierno, yo diría que porque no estabas. A riesgo de parecer más tóxico aún que en su día, tengo que confesarte que te sigo queriendo solo para mí. No me diste el tiempo suficiente para cuidarte todo lo que debería haber sido.

Recuerdo un montón de momentos en los que estás de protagonista: acariciando un cachorrito sentados en el césped, construyendo cosas con trozos de madera como a los siete años, confesándome que me quieres, sonriendo a centímetros de mí... Y lo único que hasta hoy no consigo visualizar claramente son tus ojos advirtiéndome que podrías irte en cualquier momento.

Hoy esta lápida no hace referencia a ti: aquí no hay ningún ángel. Hoy no consigo recordar cómo es que te dejé ir.

martes, 7 de julio de 2015

Lo intenté por ti.


Verás, nunca he sido bueno en esto. Lo sabes; lo sabías. Intenté escribirte algo y solo me salió esto: como una despedida. Como algún tipo de excusa que te pide más tiempo. Pero no lo hay.

Debería dejar de dormir en el sofá.
Debería dejar de escribir sobre despedidas. 
Debería peinarme por las mañanas a primera hora, cuando me miro en el espejo. 
Debería dejar de escuchar cómo James Blunt dice que eres preciosa. 
Debería decirte más que eres preciosa. 
Debería parar el tiempo. 
Debería hacerte una canción y ponerte en repetición para siempre. 
Debería comprar más cigarrillos. 
Debería dejar de fumar. 
Debería hacer como que nada ha sucedido. 
Debería decirle al resto que no te fuiste. 
Debería ceder al mundo y que pare de tirarme de los recuerdos. 
Debería haberme tirado de las orejas en su lugar. 
Debería dejar de lamentarme. 
Debería dejar de repetir como lo hago. 
Debería empezar a conjugar como me enseñaste. 
Debería empezar a ser nosotros y no yo. 
Debería dedicarte una canción. 
Debería haberte llevado el café por las mañanas.
Debería haber cambiado las sábanas. 
Deberían oler como tú. 
Debería haber ido contigo a ver las estrellas.
Debería haberte contagiado la gripe. 
Debería haberte cuidado como me cuidabas. 
Debería empezar a terminar los cuadros que me pediste. 
Debería haber cerrado la puerta con llave. 
Debería no haberte enfadado aquella noche. 
Debería haber estado contigo. 
Debería haberte salvado de quienes entraron. 
Debería no haber dormido en el sofá.
Debería dejar de escribir sobre despedidas. 
Debería aceptar que no pude despedirme.

Debería llamar a esto como lo que te gustaba:
"Mil deberes por amor y un adiós interminable."

domingo, 12 de abril de 2015

Yo no sé.

Ya lo decía hace tiempo y lo repito: yo no sé nada de la vida. Pero he aprendido cosas, como que irse también deja secuelas.

Yo una vez me fui. Y me di cuenta de que perdí hasta la razón cuando intenté pintarle a oscuras. Cuando hubo luz, en el lienzo solo habían líneas que no dibujaban nada decente, y pensé en si aquello podían ser mis cicatrices. Lo que tengo claro es que lo peor que hay en la vida es decir "te quiero" y que alguien te responda que él también ha tenido pesadillas. Y sinceramente no espero que nadie lo entienda, pero desde aquello parece que los lienzos ni siquiera me miran a los ojos.

 Yo no es por echar culpas, pero si el amor es ciego es porque alguien le ha sacado los ojos. Y juraría no haber sido yo. Y esperaría que no hubiese sido él. Y me gustaría echaros la culpa de esto a vosotros, pero no puedo.

No he dejado de doler desde que doler significa llorar porque todo aquello por lo que lloras no entiende por qué lo haces. A la par, he estado pensando en si la distancia podría medirse en mensajes de "¿Cuándo volverás?" que, normalmente, prefieren evitar a responder. No he dejado de doler desde que él ya no me pasa un montón de canciones de Kingdom Hearts que me ayuden a escribir aunque yo no haya jugado nunca. Y aunque él no sepa que me ayudan. 

Qué curioso: he vuelto a hablar del amor como dos personas, como si esto no fueran una y un escrito que jamás será enviado a nadie. O sí. Pero no a quien debe. O también. Aunque ya no signifique nada. Si total, ya lo decía hace tiempo y lo repito: yo no sé nada de la vida. Pero he aprendido cosas, como que dos caminando por la calle de la mano también son dos cicatrizando, aunque nunca hayan pintado un lienzo que les dijese que deberían hacerlo.

Aquas Theme - Kingdom Hearts

domingo, 11 de enero de 2015

Dame alas.


Aquel día me presenté sola. (Más bien no)

Tiempo atrás habíamos acabado de acuerdo en que era bonito que los sueños de cada uno solo pudiesen llevarse a cabo con el otro. Por aquel momento mi sueño era ir a un concierto de Coldplay, mi banda favorita, pero con él. Y le pareció maravilloso. También a él le encantaba Coldplay, pero decía que no era su grupo favorito, que había canciones que no le gustaban. Yo le respondí que, para mí, mi grupo favorito no es aquel del cual me encantan todas sus canciones, sino el que me hace sentir con ellas ya sean todas o solo una. Cuando se lo expliqué él asintió como quien te manda a callar. Lo hacía muchas veces, nunca me lo tomé demasiado a pecho.

Un día antes de dormir se me ocurrió la forma perfecta de explicárselo. "Pasa como con las personas", creo haber dicho. Estaba demasiado cansada para entender lo que decía, yo solo hablaba, como siempre que se me ocurría algo. "Siempre llega alguien que no te gusta en todos los sentidos, pero te hace sentir algo más. Como que te comprende, ya sea por lo mismo que tú has sentido o por otra cosa". Creo que respondió a lo que dije, pero me dormí. Él siempre será un secreto para mí, o eso he pensado desde que lo conocí. No poco después de aquello él se fue, y Coldplay daba un concierto aquí mismo. No sabía muy bien qué pensar, pero cómo iba a dejar pasar a mi banda favorita, así que fui. 

Aquel día me presenté sola, pero en medio de una canción, justo a la mitad del concierto, creí haberlo visto a él allí solo, en medio de un montón de desconocidos. Desde aquel momento siempre he pensado que él era mi canción favorita, aunque nunca hubiese vuelto a escucharla. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

Era ella.


"Seguramente un día
—una vez me dijo—
dejaremos de ser
porque dejarás de estar."

"¿Acaso deja una rosa
de ser una rosa
por estar marchita?"
Pregunté. Y me tapé los ojos.

Y por un momento
deseé de verdad una respuesta.
Ella solo me abrazó. Fría. 
Triste. Era un océano.
"El mediterráneo", pensé.

...Y no sabría explicar por qué.

La vida dura dos minutos.
Tres. Cuatro. Rara vez nueve.
Depende de la canción
que te recuerde a ella.

"Seguramente pronto
—escupió en otra ocasión—
me abandones como siempre
y me olvides como nunca."

"¿Acaso olvida un poeta
alguno de sus versos
aunque los abandone?"
Pregunté. Y no esperé respuesta.

"Siempre vuelve a mejorarlos",
respondió.
Y me quedé de piedra.

Era un dragón. Un fantasma.
Una noche de invierno.
Se volvió como pasar
el día entero en el cementerio.

La vida es llorar.
Reír. Volar. Decepcionarte.
Depende de la película
que le asignes a su existencia.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Hasta siempre.


Cuando gritan “detente” y lo que quieren es que pares de irte, sabes que algo se fue antes que tú. No hay nadie tirándote del brazo, nadie halándote de los pelos para retenerte: solo tú y el viento. Y una música triste, quizá. Solo a veces. Cuando alguien grita lo que tú no querías oír. Lo que no querías que fuesen las últimas palabras: “¡Todo esto es culpa tuya!”,  “Ojalá pudiese hacer que te quedaras”, “Lo siento”. “¿No te importo ya?”. Da igual cuáles sean, nunca quieres oírlas. Son como un chantaje emocional al que sabes que sucumbirás sin querer.

Perdonad si me he vuelto adicta a hablar de despedidas… Será que últimamente llueve de más y echo de menos. Perdonad los mismos juegos de palabras de siempre. Perdonad si no aparezco. Perdonad si no respondo, ya sea a vuestras palabras o de mis actos. Solo quería… No abandonar. Esperar, quizá. A que pasara algo. O a que dejase de pasar. 

Hasta siempre, quienquiera que seas. Aunque nos hayamos ido hace ya tiempo. Ambos. O solo yo. Nunca sucumbí al chantaje. 
Brindemos por un invierno separados. Por el otoño que jamás vi llegar.

 Y perdón por la matanza de corazones que nunca me acuerdo de evitar.

jueves, 9 de octubre de 2014

Agonizando.


“Eres un encanto”, dijo. “Ojalá algún día llegues a creerme”.
No, no, no, no. Había vuelto a salir a la calle otra vez. Volvía a no saber adónde ir. “Mierda”. Niños jugando. Una mueca que le tira de los pelos. “Sonríe bien”. ¿Bien? ¿Cómo podía sonreír bien? Mejor dicho, ¿cómo se sonríe mal? No lo sabía, pero pensó que ese era su talento. 

Hace unos meses. Hace unos meses se marchó en tren el amor de su vida. Creyó que había sido un trece, pero no conseguía recordarlo con claridad. Aún así, no creía en esas cosas. En los trece. “Es solo un número”. Lo era. Hace unos meses sufrió un accidente de tren el amor de su vida. Qué digo. Un mismo trece. Aún así, no creía en esas cosas. 

No, no, no, no. Ella no sabe de qué habla. Yo a veces tampoco, pero la observo. “Él murió un trece”, vuelve a contarle a otro chico de otra parte de la ciudad. Ya van cuatro esta semana. “Decía que yo era un encanto”. 
¿Quién cuenta esas cosas?

Pasó con él un doce. Hace unos meses. “Eres un encanto”, dijo. Ella sonrió, aunque pensó que volvía a hacerlo mal. Él pensó que no habría podido hacerlo mejor. No recuerdo bien si le dio un beso. Se despidieron.

No, no, no, no. Está en casa de nuevo. Ahora. No alcanzo a ver si está triste. Seguramente lo estuviera. O lo fuera, no sé, todos la veíamos así.    La veo asomarse a la ventana. Qué nostálgico se ha puesto todo de repente. Ahora se mueve. ¿Qué hace?

“Eres un encanto”, se dice. “Ojalá algún día llegues a creerme”. Delante hay un espejo. Roto, pero no valía la pena gastar dinero en uno nuevo.   Una lágrima acaba de caer, pero quiero creer que la veo sonreír. Intentarlo. “No, no, no, no”, dice. “Vuelves a hacerlo mal”.